Sólo una cosa no hay. Es el olvido.
Dios, que salva el metal, salva la escoria y cifra en su profética memoria las lunas que serán y las que han sido.
Ya todo está. Los miles de reflejos que entre los dos crepúsculos del día tu rostro fue dejando en los espejos y los que irá dejando todavía.
Y todo es una parte del diverso cristal de esa memoria, el universo; no tienen fin sus arduos corredores y las puertas se cierran a tu paso; sólo del otro lado del ocaso verás los Arquetipos y Esplendores
Jorge Luis Borges