Siempre, nunca, jamás

Tres palabras que, según mi parecer, no deben pronunciarse.

Nada es para siempre, ni siquiera la vida.

No se puede decir que nunca vamos a hacer o decir algo porque la vida nos pone en lugares impensados y nos enfrenta a situaciones que pueden ponernos a prueba y desandar el camino del férreo nunca.

Sucede algo parecido con el jamás. Quién puede decir «De ésta agua no beberé»? Nuevamente el destino puede traicionarnos y rodearnos de tragos amargos que deberemos apurar el paso para salir lo más rápido posible de ellos, aunque traicionemos nuestros propios dogmas.

Como me reconozco y asumo débil, hago esfuerzos denodados para no pronunciar estas tres palabras porque sé que no sería capaz de sostener nada en el tiempo.

Es más, creo que a la que le temo con pavor es al siempre porque me genera un lazo de asfixia imposible de soportar.

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