Este hogar en el que vivo frente al mar está construído y decorado con distintos elementos.
Algunos de ellos se han comprado en las mejores casas de decoración y otros salieron de mí alma y de mi cuerpo.
Caleta está hecha de material de construcción, tiempo y sentimientos.
En las paredes de este hogar hay jirones de mi corazón enamorado, feliz, profundamente triste y solitario.
Jirones de piel que se fue cayendo a fuerza de querer estar cada día más bronceada por el sol esteño para que así mis ojos parecieran un poquito más verdes y no tan pardos.
Rebuscando en los rincones del balcón frente al mar hay jirones de ilusiones que han tenido diversos nombres de amores pasados y presentes y planes para compartir con cada uno de ellos.
Entre las plantas del cantero que hay en la terracita de atrás hay jirones convertidos en cenizas que pertenecen a mi negrito hermoso porque un día decidió esconderse en el único lugar del mundo en el que sabía que yo era feliz. Aquí está para acompañarnos mutuamente hasta que nos volvamos a encontrar en su cielo o en el mío.
Retazos de miedo, angustia, añoranza, carcajadas interminables, horas de risas compartidas con amigos y amores.
Caleta tiene mi sangre y mis venas no son otra cosa que jirones de luna y mar.