Sé que a veces hago preguntas raras, pseudo filosóficas, de esas que pueden revolver el avispero que llevamos dentro pero cuando se las hago a él y lo escucho reír antes de escuchar lo que voy a preguntarle, mi alma explota de alegría.
Escucharlo reír (aunque sea por nervios) me alegra el día, me contagia vida.