
Debería ser accionista de esta empresa porque lo que gasto aquí es gracioso.
Siempre acudo a Starbucks por el mismo motivo: me serena, me siento tranquila, en calma, cada uno está en la suya o yo estoy tan en la mía que no me doy cuenta de lo que sucede a mi alrededor.
Recién salgo de terapia y la sesión de hoy fue mi segunda constelación y no precisamente familiar.
Nada de lo dicho allí saldrá de mí en ningún lado (y menos aquí) pero me pregunto cómo lograr lo que queda como «tarea» después de una constelación.
La anterior tuvo un devenir muy simple, las cosas fluyeron de manera tal que se presentaron las situaciones exactas, aproveché el momento y accioné.
Ahora que escribo esto supongo que esta vez pasará algo similar; todo fluirá y veré cómo pilotearé lo que venga.
La duda radica en que no me imagino cuáles serán esas situaciones, conociendo como conozco a los personajes de esta historia.
Mientras escribo sonrío porque me causa mucha gracia imaginar lo inimaginable.
«Eterno», esa palabra parece perseguirme como un sino indisoluble, la llevo cosida en los bordes de mi alma.
Eterno porque viene del pasado y porque no tendrá fin. Sin embargo (y ésto es lo más extraño) yo no creo en los para siempre, en los nunca, no creo en lo infinito.
Para mí todo tiene una fecha de vencimiento y quizás deba aprender que a ciertas cosas solamente las pueda vencer la muerte y no la voluntad del ser.humano.
«Vos sos pura razón», me dijeron recién. No voy a discutir el planteo porque en algún punto es cierto pero ¿qué pasa entonces con todo mi temperamento y las emociones que me desbordan sin que pueda controlarlas? ¿ A dónde se va tanto raciocinio cuando se enfrenta a mi lado B?
Ahora, siendo las 15:46 no tengo la menor idea de nada. No sé qué, cómo, cuándo ni dónde voy a hacer todo lo que debo hacer o deba pasar.
Por un lado es fascinante porque genera muchísima adrenalina pero por el otro me paraliza, como todo lo que escapa a mi control.
UNIVERSO, estoy en tus manos.