Parece que hoy es el día de la música clásica.
Primero Bach y ahora, cuando estaba comenzando a rendirme con «Manchester by the sea», comenzaron los acordes del Adagio de Tommaso Albinoni y con él todos los recuerdos de tu padecimiento, tus ausencias, mis cartas para curar tu alma y tu irreversible enfermedad (como solías llamarla) que te llevó a la muerte.
Siempre queda una astilla escondida en algún rincón que termina clavándose en mi alma cuando se trata de vos, Marcos.
Se acerca Marzo y tu sombra me ronda, tu poesía vuelve de la mano de Cortázar o Antonio Gala y tu música sale de cualquier escondite para recordarme que aquí estarás hasta que algún día pueda volver a escuchar esa frase que tanto te gustaba decirme: «More, te tengo vista».