La lucha que tengo entre el deber y el ser, me está liquidando.
Yo sé de memoria que el ❤ es un músculo que sólo bombea sangre al resto del cuerpo y carece de la capacidad de sentir, que todo lo maneja el cerebro pero hay días en los que la leyenda tradicional me gana y divido las aguas: manda el cerebro, siente el corazón.
Sea como fuere, sé lo que DEBO hacer pero NO QUIERO hacerlo y así voy por la vida, enojada y peleada conmigo sin poder resolver nada aunque permanezca diez horas debajo de la ducha buscando una salida a este laberinto.
En todo lo que tiene que ver con él, mi voluntad es relativa y frágil. Es verlo y dudar para terminar como siempre: cediendo porque si no está me falta el aire y si no veo su sonrisa no hay modo de arrancar el día.
Pero después pienso en sus deseos, en sus proyectos personales, en su realidad y ahí TODO se desmorona y mi mente me grita que me vaya YA MISMO de su vida.
Algo me dice que dentro suyo las cosas cambiaron y tal vez yo ya no ocupe el lugar que ocupaba antes por lo cual posiblemente sea él quién se despida de mí primero.
Dentro de toda esta maraña de dudas, lo único que me queda claro es que aún yéndome de su lado voy a seguir queriéndolo como solamente yo sé quererlo.