Nos conocimos en Punta del Este el 2 de Agosto de 1987. Nos vimos hasta fines de ese año y luego nunca más porque él vivía en Mar del Plata y yo en Capital Federal.
De una manera u otra, la vida nunca nos separó definitivamente porque cada tanto nos conectábamos e intercambiábamos mensajes.
Después de tantos años y con el avance de la tecnología, la comunicación entre ambos es muchísimo más fluída y hoy mismo hablamos después de un par de meses de silencio.
Cada vez que tengo noticias suyas me cambia el día. Tiene ese tono de voz adolescente, pícaro, alegre y bohemio que me hace bien al corazón.
Es uno de mis seres más entrañables, más queridos, al que recuerdo siempre y los dos tenemos esa «asignatura pendiente» (como dice él) del reencuentro pero dejamos ese momento en manos del destino.
Mientras tanto hablamos, lo escucho, me escucha y nos abrazamos a la distancia.
Somos «trascendentales» uno en la vida del otro (como también dijo él hoy) y con eso basta.