Esa frase se repite una y otra vez en mi mente cuando intento crear imágenes del viaje que supuestamente vamos a hacer en Diciembre.
Antes veía todo con absoluta claridad: como caminábamos por las calles, a los lugares que íbamos, las fotos que sacábamos y hasta de las cosas que nos íbamos a reír pero desde hace tres días todo eso ya no existe y cuando intento recurrir a lo que sería mi C: dentro de mi mente, el display loopea: FILE DOESN´T EXIST ANYMORE.
Se borró todo, no hay foto, imaginación, predicción…
No vienen aromas ni sensaciones a mí, se perdieron vaya a saber dónde y a medida que se alejan se llevan mi voz, cada vez hablo menos y necesito estar más tiempo callada.
Me relaciono con algunas personas por cuestiones lógicas de trabajo (agradezco que algunas sean por mail) o porque tengo que ir a comprar algo pero sino elijo estar callada y de ser posible con la mirada perdida en la nada aunque delante de mis ojos haya movimiento de cualquier clase.
Es como si hubiera optado por adoptar un autismo voluntario porque un día me levanté y no soporté más la presión.
¿Duele? No, aunque sé que el dolor está ahí, agazapado y en cualquier momento va a darme un zarpazo para que recuerde toda la vida.