Ayer volvía de mi caminata por los lagos de Palermo y mientras escuchaba música pensaba que estoy en ese momento en el que vivo la vida que quiero.
Fueron muchos los meses previos a esta instancia en los que me debatía entre miedos, dudas, inseguridad, incertidumbre, agobio y de pronto, ya no recuerdo cuándo, se abrió una ventana por donde empezó a entrar la luz del sol, la de la luna y las piezas del rompecabezas que era mi vida empezaron a encajar perfectamente.
Todo empezó a fluir, los trámites se cerraban, la sangre corría mucho más rápido por mis venas y el aire que respiraba se volvía más ligero.
Hoy siento que todo lo que viene de aquí a fin de año va a ser lo mejor, mucho más de lo que ya viví.
Estoy tan enfocada en mí, tan consciente de que esa fuerza nace en mi interior que a veces me siento como empujada hacia adelante y con la capacidad de arrastrar a quienes quiero que vivan esto conmigo.
Me siento como una usina: genero energía y la distribuyo, la esparzo pero no la desperdicio.
Tengo ese afán del que vive minuto a minuto porque todo es hoy y mañana no se sabe qué va a pasar pero al mismo tiempo no dejo de crear cosas, momentos y situaciones para que existan y se materialicen en el momento adecuado.
Tengo por delante dos viajes INOLVIDABLES y pienso aprovecharlos hasta el final.
Me siento invencible, plena y voy por más…. sólo tengo que elegir cuidadosamente los movimientos que debo realizar para lograr lo que me falta.
El Universo me ayudará.