Es evidente que es uno mismo quién le imprime la velocidad que pretende a la vida que vive.
A veces registramos el momento exacto en el que lo decidimos y otras, no.
No recuerdo cuándo fue que quise cambiar de velocidad, tal vez lo haya buscado siempre y recién ahora lo haya notado pero lo cierto es que las cosas están ocurriendo de modo arrollador.
Desde que regresé de Punta del Este el 1 de Mayo he vivido tan rápido y ejecuté tantas cosas (tal vez menos de las que hubiera querido) que aún no tuve tiempo de dimensionar lo que se viene.
Me apremia cerrar el tema legal que pone en riesgo a mi tío, el lunes comienzo mi curso de meditación, luego las clases de manejo, el 9 de Agosto viajo a Caleta, rl encuentro con Augusto para concretar lo que comenzó como un sueño hace dos años atrás y hoy es casi un hecho, el viaje de Pao y Fer, la fiesta de 40 de Pao en Septiembre y este fin de año que será la frutilla del postre.
Enumero los sucesos y siento que me muevo al ritmo de un tornado. ¡Es tanto y falta tan poco tiempo para cada cosa!
A veces tengo miedo de no disfrutarlas cómo debería por la misma vorágine qye me arrastra pero después recuerdo que mi única ambición en la vida es ser feliz y vivir cada instante como si fuera el último, entonces me tranquilizo y comprendo que llegada cada una de estas ocasiones sabré aprovecharlas y no dejaré escapar un sólo segundo de felicidad.