Unplugged

Hay días en los que siento que algo dentro de mí se desconecta y lo digo literalmenre.

La sensación exacta es como si hubiera un cable dentro de mí que me mantiene enchufada a una pared exterior (realidad, hoy, presente, sociedad… llamémoslo de cualquier manera) y de pronto, con un solo movimiento de mi cuerpo, ese cable se estira tanto que el enchufe salta y se zafa de la pared

En ese instante me sumo en un silencio interno inmenso y trato por todos los medios de hacerlo extensivo hacia el afuera, o sea: me aíslo, me encierro.

Hoy siento eso y tengo la suerte de poder ir a ese lugar en el puerto que me calma y me hace creer (aunque sea solamente una ilusión) que todo se reduce a la paz del lugar, a la música que escucho mientras miro el mar y a la chance de soltar mi tristeza para que se la lleve el viento.

Estoy a cuarenta y ocho horas de partir y comenzar este tramo del año de una forma diferente.

Daría mi vida por tenerlos a mi lado. Me hacen falta. Necesitaría las manos y el regazo de mi mamá para apoyar mi cabeza y sentir cómo me acaricia el cabello.

Extraño la mirada de mi negrito y el vacío por no poder abrazarlo sigue doliéndome en el cuerpo.

Me llevo todo al mar.

Me desconecto.

Hoy nadie me puede rescatar.

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