Es verdad que soy ansiosa, que mis tiempos no coinciden nunca con los del resto porque en una regla general de la vida pero reconozco que mi ansiedad agrava la situación.
Por otro lado, y en algún otro momento de mi vida, supe tener una reserva de paciencia casi colosal pero se consumió con los años y hoy tengo un umbral de tolerancia extremadamente bajo.
Posiblemente se eleve un poco en cuestiones que me importen más allá de lo común pero cuando veo que aún en esas circunstancias todo comienza a enroscarse como una serpiente a punto de atacar o irse a descansar, la alarma del límite se enciende y comienza la carrera hacia el hastío.
Creo que es lo que me sucedió esta mañana. Tengo la costumbre de bancar a muerte a quienes amo pero aprendí a preservarme un poquito de la lógica enajenación del prójimo.
Si planeo algo con alguien (lo que de por sí ya es todo un logro sabiendo que soy de las que hace todo sola), me encanta que todo sea consensuado y si es SI es SI con voluntad y ganas por ambas partes, lo mismo si es NO pero el gris, el «Dale, sí, vamos» dicho en voz baja me sabe a «Bueno, dale, te digo que sí así me dejás de joder porque ya no te soporto más».
En cuanto detecto algo así, quemo todos los papeles porque ya no me queda más paciencia para seguir lidiando con la otra parte y menos ganas aún de tocar el tema.
Si nos embarcamos en una que sea para que se disfrute de principio a fin de a dos, no tirando yo sola del carro y gastando el doble de energía.
Eso sumado a otro montón de cosas hizo que esta mañana se me terminara la paciencia y que el plan que tenía para finales del 2016 quede a cinco minutos de caer en el abismo.
Estoy agotada, el año recién comienza y ya siento que voy por el mes de Octubre y no puede ser, no quiero este cansancio emocional que tengo.
Todos los días me repito lo mismo: quiero ser feliz, quiero ser feliz y no puede ser que me meta sola en jardines que antes de llegar a la felicidad terminan con mis fuerzas.
Ya estoy grande para ciertas cosas y si no supe poner límites antes, es hora de que aprenda pero por mí, por mi tranquilidad, por mi tan ansiada búsqueda de la paz y la felicidad.
Se me terminó la paciencia.
Hasta acá llego.
Seguiré siendo incondicional pero habrá cosas con las que no jugaré ni contaré más para mí ni para el prójimo.
Como digo siempre: buena tal vez, pelotuda NUNCA.