Intenté ver películas aburridas para dormirme pero no dió resultado.
Me tomé un vaso EXPLOSIVO que tenía desde champagne hasta cosecha tardía y ni cosquillas.
Armé un cigarrillo (esta vez bien, ni yo lo puedo creer), lo fumé y lo único que me provocó fue sentarme en la cocina de cara a la pared para hablar en voz alta como si pudieras escucharme.
Subí a la habitación, abrí la lata de pintura bermellón para pasar por encima del enduído que había dejado Carlitos y tampoco me valió de nada.
Al fin de cuentas comprendí que nada de lo que haga va a funcionar sencillamente porque no estás vos, porque muchas de estas cosas las hicimos o las pensamos juntos y mientras eso sucedía nos divertíamos hasta reírnos sin parar.
No tengo un solo elemento a mano que me salve de extrañarte, de pensar que cada cosa que hago ha cambiado de color desde que no te veo más y eso que hoy es la primera luna de llena de tal vez doce hasta que nos volvamos a ver.
¿Quién me iba a decir que te iba a extrañar tanto?
Las cosas que hago salen de manera mecánica pero a algunas les falta espíritu y cuando siento eso me pregunto si vos también trabajarás en piloto automático, si en algún momento del día sentirás que eso que antes hacías conmigo ahora lo hacés igual pero algo le falta.
Soy como uno de esos Mehari que vimos por todos lados y queríamos comprar pero sin nafta. Por fuera se ve divino pero cuando colocás la llave para arrancar, no hace contacto e inevitablemente hay que bajar para empujarlo.