Esta seguridad

Mucho me han dicho sobre la protección que recibo «desde arriba» y es absolutamente cierto.

El dolor por la muerte de mis seres más queridos ha ido menguando con el paso del tiempo pero nunca fue olvidado, simplemente aprendí a convivir con él y tal vez también haya aprendido a que no me paralice pero parte de este aprendizaje se ha basado en el hecho de saber que mi madrina, mi madre, Marcos y ahora el negrito son quienes me protegen permanentemente.

A veces grafico la proteccción de mi madre diciendo que siento su presencia y su mano apoyada sobre mi hombro izquierdo día tras día.

No sé bien por qué la ubico de ese lado pero lo cierto es que ella está allí todo el tiempo, haga lo que haga y sea la hora del día que fuere.

Marcos no tiene un espacio específico a mi alrededor pero también está. Normalmente lo encuentro cuando duermo y me despierto sintiéndolo a mi lado en la cama, mirándome, acostándose, abrazándome y haciéndome sentir cuidada y protegida.

Mi madrina sé que está pero nunca pude sentir de manera tan específica en qué momento, cómo o dónde.

Hoy se cumple una semana de la partida de mi negrito precioso y con el correr de los días conoceré su manera de manifestarse frente a mí.

Esta certeza que podría llamarse fé, ha ido creciendo con el correr de los años. Me he convertido en una mujer de fé y creo ciegamente en lo que digo, vivo rodeada de una energía protectora que me cuida, resguarda, respalda y acompaña segundo a segundo.

Mis ángeles de la guarda son reales, efectivos, me entrego a ellos y confío y creo que eso se ve, se siente, proyecto casi sin querer esta energía y la multiplico cotidianamente.

Pero esta no es la única seguridad que sostengo interiormente.

Me he vuelto mucho más segura respecto a lo que soy capaz de brindarle a la gente que amo y el ejemplo más claro de eso es la relación que tengo con Augusto.

Darle lo mejor de mí, quererlo sanamente, intentar ayudarlo en todo lo que pueda, tratar de mostrarle la clase de hombre maravilloso que es, darme (y darle) la posibilidad de divertirnos juntos con pequeñas cosas, hacer de cada viaje un puñado de días felices y ver los resultados semana tras semana ha logrado que sienta este otro tipo de seguridad que me permite pararme con más firmeza en la vida.

Hacía mucho tiempo que no sentía esto de mirar hacia los costados y decir: quiero, me quieren, qué más puedo pedirle a la vida? Nada! Tengo que sentirme afortunada y agradecida porque no todos pueden decir que quieren y son queridos, muchos pasan la vida detrás de estos sentimientos como el burro persiguiendo a su zanahoria y nunca llegan a agarrarla.

Esta seguridad que siento hoy no me la regaló nadie, la conseguí a punta de puro remo, de proponerme metas internas, de pasar dolores agotadores en mi alma y en soledad, de caerme diez mil veces y levantarme otras tantas pero por sobre todas las cosas de creer que me la merezco, merezco tener gente que me proteja, me cuide tanto en esta vida como en otra y que me quieran de la misma manera que quiero.

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