Estoy inaguantable desde que me levanté.
Menos mal que vivo sola, que nadie me llama por teléfono ni me viene a ver porque hoy soy una auténtica hiena.
Ni yo misma me aguanto y espero que este estado de aislamiento me dure todo el santo día porque donde tenga contacto con alguien seguramente va a ser fatal.
Los motivos de este mal humor los tengo clarísimos, tanto que ni siquiera quiero verbalizarlos para no agigantar más la rabia que ya me generaron.
Cuatro de la tarde, me quedan ocho horas de mal humor para terminar con este día negro como el ébano.
Update 18:40
Se ve que cuando estamos de mal humor o incómodos las horas no pasan más, todo se hace eterno, largo, insoportablemente tedioso.
Por más que caiga una bomba al lado nuestro nada nos modifica el ánimo, es más, ni siquiera somos capaces de sentirla tan sumergidos estamos en este agujero negro que todo lo ocupa, lo rodea, lo circunda.
Puse música para ver si es cierto que eso calma a las fieras pero me parece que no da demasiado resultado o tal vez tendría que cambiar de género y poner metal rabioso para ir contra la corriente de mis gustos clásicos.
La realidad es que no tengo paz interior, se me va escapando cada mañana que abro los ojos y me encuentro en esta misma cama en la que duermo desde hace catorce años.
Odio que el paso del tiempo me de la razón en mil cosas que digo con anticipación y más odio todavía que a veces me digan que estoy equivocada, creer que puede ser verdad que me equivoque y luego comprobar que no, que siempre tengo que hacerle caso a mi instinto inicial que por ser tan primario es lo más certero que tengo.
Y es así como de un momento para el otro odio a los que amo y me odio a mí misma por recordar todas las veces en las que hice cosas por los que amo y quedé como una reverenda pelotuda.
Este proceso autodestructivo es letal para mí y no lo puedo evitar, es cíclico y quizás mañana suceda algo que revierta lo que me pasa hoy y el veneno que trago se convierta en maná celestial pero al menos hoy es cicuta pura.
Me siento enjaulada, encerrada, tengo el alma rebotando de un rincón a otro de mi mente, no tolero que amanezca ni que anochezca, no quiero abrir más los ojos en esta puta ciudad, me hace mal, me mata en vida, me saca el aliento, me desgarra por dentro y me tiraría semanas enteras a llorar de impotencia.
Aunque si no dijera lo fundamental estaría mintiendo por omisión: ODIO SU SILENCIO.