En la vereda de enfrente

Estoy parada en esta vereda y en la de enfrente veo a alguien similar a mí que pareciera estar esperando algo o a alguien.

La miro y como me asombra tanto el parecido, me detengo a pensar qué cosas podríamos tener en común y para eso me veo obligada a hacer un flashback de mi vida.

De chica siempre quise ser inteligente, espía internacional, patinadora sobre hielo o arquitecta y sin embargo no me dediqué a nada de todo eso pero internamente cuando me preguntaban qué quería ser cuando fuera grande (pregunta que juré no hacérsela nunca a ningún niño) una vocecita muy firme decía una sola palabra: feliz.

No recuerdo haber tenido nunca un espíritu estilo Susanita Chirusi (una de las amigas de Mafalda) sencillamente porque yo ERA Mafalda por tanto el tema hogar, marido, hijos era algo que dejaba reservado a los vaivenes del destino.

Y así fue como, al menos hasta ahora, el destino quiso que no tuviera hijos y si bien Marcos era el hombre con el que me hubiera gustado ser todo lo que quería Susanita, Dios tuvo otros planes para ambos y él ahora me espera en un lugar demasiado lejano como para llegar ni siquiera tomando un avión.

Creo que me paré en una vereda donde no era requisito fundamental tener un plan trazado para vivir y posiblemente me haya ganado la comodidad y la creencia de que era mejor dejarse sorprender por el destino.

A lo mejor sea conveniente cruzar hacia la otra vereda, quedarme parada en silencio al lado de esa mujer que se parece tanto a mí y observar detenidamente sus movimientos, intentar escuchar sus pensamientos, adivinar lo que transmite su mirada y descubrirme en su misteriosa similitud.

¿Quién me asegura que ella no sea yo misma a punto de estrenar una nueva vida?

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