Se esfuma ante sus ojos el camino y las huellas que le indican el regreso.
El aliento se le escurre por los bolsillos y se estrellan contra el suelo sus sueños y esperanzas.
Deja olvidados los recuerdos en una esquina y el futuro en una vieja estación de tren.
De manera desprolija e inconsciente va quemando las chances que guardó intactas en el fondo de un cajón por no saber utilizarlas.
Cambia el color de sus pupilas, arrastra sus pies, silencia su voz y se acurruca.
Nadie comprendería que había perdido su único bien, su razón y su pasión.