Estoy cansada. De mí, de ellos, ellas, del ayer, del antes, de lo que fué y no pudo ser.
Tengo un cansancio desprolijo en el tiempo y en el espacio, rebelde en sus causas y descausas.
Quiero descansar y las ideas para lograrlo huyen de manera atropellada hacia otro lugar para que las reciban con un poco más de tranquilidad y orden.
El espejo me devuelve la imagen de un ovillo sin punta y eso me agota mucho más.
Las zetas resbalan de mis manos y caen rendidas en cada huella que dejo al andar.
Este agotamiento no tiene fin y no tengo la más mínima intención de buscarle el principio.