Alicia, lejos del país de las maravillas

Una mañana Alicia se levantó y comprendió que había vivido una mentira asi que decidió no hablar más. Anudó prolijamente una a una sus cuerdas vocales y enmudeció.
Pasaron los días y entendió que la solución no era esa asi que optó por no volver a escuchar. Tapó sus oídos con telas de diferentes colores y texturas y salió a la calle. Las personas le parecían marionetas grotescas moviendo tan rápidamente sus bocas y sin una expresión acorde en sus miradas.
Pero al poco tiempo Alicia sintió que no era suficiente y eligió no volver a ver.
Cerró sus ojos fuertemente y selló sus párpados con lágrimas creyendo que de esta manera evitaría el contacto con el mundo. Pasaron los días y aprendió a moverse entre los demás sin sus sentidos pero no se sentía satisfecha hasta que una madrugada, antes de la salida del sol, supo lo que pasaba: seguía teniendo alma y corazón.
Al darse cuenta de esto fué hasta un rincón de su habitación y a tientas buscó una pequeña caja de madera donde guardaba algunos recuerdos de su infancia. Palpó con sus dedos la pequeña cerradura que tenía, levantó la tapa e inclinó la caja dejando que su contenido cayera al piso.
Segundos después, cuando la caja se había vuelvo liviana entre sus manos, encerró en ella a su alma y a su corazón y dejándola sobre la cama desapareció

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