Tarde

Cincuenta, sesenta, setenta … perfecto, los diez centavos que le faltaban para regresar seguro los encontraría revolviendo los bolsillos de su campera de jean.
Se alisó el vestido suelto que había elegido para la fecha, miró su rostro en el espejo del baño, se puso un poquitito de su perfume preferido, buscó la moneda que le faltaba y bajó las escaleras hacia la calle con el corazón latiendo desesperado.
Tomó el colectivo sabiendo que le esperaba un viaje de cuarenta minutos como mínimo pero no le importó porque pensaba disfrutar cada segundo de esta sorpresa que había planeado para él.
Mientras veía pasar las calles por la ventanilla ensayaba saludos, sonrisas, miradas, mohines, formas y figuras para el momento tan ansiado.
Quería tenerlo frente a sí y no decirle nada, que hablaran sus ojos o mejor no, mejor sería acercarse y besarlo sin darle tiempo a reaccionar.
Faltaban dos cuadras para que se bajara y sentía que le traspiraban las manos, tenía un nudo en el estómago, parecía una adolescente, si hasta tenía las mejillas coloradas por los nervios y la ansiedad.
Por fin se bajó y comenzó a buscar con la vista una placa en la puerta que le indicara el lugar hacia donde tenía que dirigirse y cuando estaba orientada lo vió.
Estaba saliendo de la empresa y su imagen aceleró más aún su corazón. Se lo veía tan atractivo con ese traje azul! pero no podía perder tiempo mirándolo desde lejos, tendría que apurar el paso para no perderlo. De pronto algo la mantuvo quieta en el lugar donde estaba con la vista clavada en el extremo opuesto de la calle.
Las manos ya no traspiraban de emoción sino de nervios, el estómago dolía de pura pena, la boca se había secado por ese beso que pensaba dar y ahora sabía que no podría y la mirada no era más que un montón de escarcha.
En una fracción de segundo pensó que si no hubiera perdido tiempo contando las monedas o alisando su vestido tal vez habría alcanzado el otro colectivo, el que se le escapó al llegar a la parada.
Maldijo el instante que perdió poniéndose perfume, estaba casi segura que de no haberlo hecho hubiera llegado antes, al menos con el tiempo suficiente como para no verlo subir a aquel auto, abrazar a aquella mujer, besarla tiernamente en los labios y partir.

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