Era temprano, se despertó al alba y comprendió que necesitaba escuchar sus palabras, algo que le hiciera sentir sosiego o simplemente que conectara su espíritu con otra realidad asi que salió de su casa camino a su encuentro pero al llegar notó las luces apagadas, no había nadie.
Repasó en su mente los lugares a dónde podía haber ido y recordó que tal vez hoy no fuera un día más asi que giró sobre sus pasos y se dirigió hacia el lago.
Al llegar respiró hondo y dejó que sus ojos se mimetizaran con el paisaje y que su corazón se acompasara al ritmo del viento.
Se sentó a la orilla del lago, apoyó la cara entre sus manos y así, dejándose invadir por la paz del lugar comprendió que a pesar de todo había un remanso, un rincón a donde correr y permanecer en silencio o no, todo depende de lo que necesitara.
Mientras se perdía en estos pensamientos una sonrisa cómplice se adueñó de su rostro y supo que era cuestión de esperar, porque en los remansos el correr de las horas no pesa y el viento mece, arrulla y hace más liviana la espera.