A veces hay que permitir que las emociones nos atraviesen de lado a lado sin medir las consecuencias. No es fácil volverse dócil cuando sabemos que un sentimiento nos está tomando por asalto y no tenemos modo de detenerlo porque en realidad no queremos hacerlo. Tampoco es simple frenarnos cuando aparece alguien en nuestra vida que arrasa con todo lo conocido y nos regala un mundo nuevo, nos despierta de un letargo que parecía eterno e infranqueable.
Hay que aprender a sonreír porque sí, aún cuando estemos rodeados de personas que no entiendan por qué lo hacemos y aprender a mandar besos con mensajes en clave a la persona indicada.