Palabras borradas

Cuentan en la editorial que cuando salió la edición a la calle, la nota del diario hablaba de la crisis social del país.
Cuentan los vecinos que esa hoja vagó por el barrio arrastrada por el viento durante varios días. Todos la levantaban del suelo cada vez que rozaba sus jardines pero como no les interesaba lo que decía volvían a tirarla lejos de sus casas para luego maldecir la mala calidad de la impresión porque les dejaba los dedos manchados con tinta negra.
Cuenta el autor de la nota que todo había sido calculado a la perfección, desde el gramaje del papel hasta la calidad de la tinta pasando por la velocidad del viento y la cantidad de días que tardaría la hoja en llegar hasta el portal de la mujer que amaba.
Cuenta ella que una mañana de primavera, cuando el sol luchaba por salir detrás de unas nubes que se rehusaban a desaparecer, vió llegar hasta su puerta la hoja del diario.
Salió, tomó la hoja en sus manos y entre lo que parecían frases y palabras borradas que habían formado parte de una nota que hablaba de la crisis social del país, alcanzó a leer una frase que la hizo vibrar aún antes de saber que había sido escrita para ella: «Asumo que me muero por vos».

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