La ciudad de las mil colinas
Viendo «Hotel Rwanda» me preguntaba cuànto horror puede soportar un ser humano, cuànta barbarie y espanto sin sentir que la locura se apodera de uno por lo que ve o por un simple mecanismo de defensa como refugio de la realidad.
Y mientras me preguntaba eso te recordaba porque me parecìa verte entre aquellas personas corriendo de un lado hacia el otro para ayudar, sanar o simplemente para acariciar y reconfortar.
Cuànto habràs tenido que ver, soportar, callar y resistir para poder seguir adelante ?
Cuàntas veces habràs tenido ganas de llorar hasta quedarte dormido y no ver ese infierno ?
Recordè tu callada manera de contarme esa experiencia, tus ganas de olvidar pero a la vez de volver para terminar con algo que habìa partido tu realidad en dos, tu siempre latente necesidad de sentir que habìas dado todo pero todavìa quedaba màs por hacer.
Nunca voy a olvidar aquella noche cuando me contaste que tu madre habìa deseado que fueras un hombre bueno y feliz y al regresar te abrazò dicièndote que ya eras bueno, sòlo te faltaba ser feliz.
Solamente yo sè lo que sentì cuando estabas en mi vida, sòlo yo sè lo invencible que me sentìa sabièndote a mi lado de aquella forma tan particular.
Tuviste una especial y silenciosa forma de modificarme y no dudo que ese mismo efecto habràs causado entre la gente que tuvo la suerte de conocerte.
Màs allà de toda lògica, razòn y cordura siempre voy a sentirte dentro de mi alma y deseo con todo mi corazòn lo mismo que alguna vez deseò tu mamà : que seas feliz.
Por mi parte nunca, nunca, nunca te voy a olvidar.