Hay momentos

En los que simplemente se trata de abrir el pecho, sacar el corazón y comenzar a hacerle preguntas.
Si sangra demasiado seguramente se quede callado, el esfuerzo por detener el sangrado quizás le consuma la poca energía que le queda para latir y no quiera respondernos.
Si el aire es suave posiblemente nos cuente, en voz muy baja, que las cosas son así, que no tenemos que preguntar tanto, que él tiene sus tiempos y no admite consejos ni razones.
Nos va a convencer, nos va a seducir y no vamos a poder discutirle nada. Aceptaremos mansamente que dependemos de él y ejercerá una dulce autoridad sobre nuestros sentimientos.
Cuando sienta que comprendimos su mensaje latirá con fuerza, nos ensordecerá al punto de querer volver a colocarlo dentro de nuestro pecho, de donde tal vez no deberia haber salido nunca para no desgarrarse.

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