Y si se quema en forma de angustia o de recuerdo estúpido no puede salir a golpear puertas o mejillas, tiene que permanecer, aprender y tratar de no mirar hacia atrás.
El único problema es que a veces escucha risas apagadas y no termina de establecer si son provocadas por otros o por sus propios fantasmas que deciden reaparecer y recordarle (por su bien, según confiesan) que la traicionaron.
Si pudiera cambiar de piel sería mucho más simple, dejaría tirada en un rincón la que fué marcada y se pondría una con aroma a nuevo y brillo de estreno.
La combinaría con aquella mirada inocente, en el pelo se pondría dos o tres flores azules que le regalaron una vez, se miraría en el espejo y el tiempo retrocedería sin inconvenientes.
Pero no se puede y cuando lo comprende intenta levantarse sola, aunque le cueste.
Se apoya en carcajadas nuevas que la sostienen débilmente y confía en que la última fué la mejor pero en el fondo, cuando se queda sola sabe que hay cosas irrecuperables, vacíos llenos de pena, abismos insalvables.
Y vuelve a revolotear sobre el fuego una y otra vez….