Cartas amarillas

Esta carta fué encontrada hace unos días entre los escombros de una casa abandonada.
Estaba atada junto a otros papeles con una cinta azul y se transcriben los párrafos legibles, el resto se perdió por efecto del tiempo y la tinta que de a poco fué borrándose en forma implacable.

«Buenos Aires, 18 de Julio de ….

Querido mío:

No es necesario que me ocultes nada, sabés perfectamente que sé todo lo que pasa y que creo que no tiene sentido tu silencio ni tu ausencia. Pensás que soy débil, verdad? Pues te equivocás, de la misma manera en que te equivocás al decidir por mí.
Una y otra vez me alejás de tu lado, preferís no verme, no saber de mí y creés que con eso me evitás sufrimiento y dolor pero no es así, al contrario.
Que estás irreversiblemente enfermo, que tenés los días contados, que te vas a morir? Tenés miedo a pronunciar todas esas palabras delante de mí? Cuál es tu temor? Ver mi mirada sosteniendo la tuya mientras lo decís? Sentir mis manos tomando las tuyas y mis brazos rodeando tu cuerpo y darte cuenta que necesitás eso, que necesitás mi amor?
Nunca se te ocurrió pensar que mi vida tendría mucho más sentido si pudiera cuidarte por las noches cuando te sentís descompuesto o alcanzarte un sweater cuando tenés frío y la calefacción de tu casa funciona bien? Nunca imaginaste que podía despertarte con infinita ternura para darte un remedio que tuvieras que tomar por las madrugadas? O tampoco pensaste que podía estar a tu lado cuando sintieras que tu cuerpo no podría soportar un solo momento más de dolor y simplemente mirarte a los ojos y decirte que te amaba?
No me diste jamás la chance de elegir, en todos estos …. ños siempre tomaste las decisiones que consideraste correctas para los dos y yo acá, aceptando todo por amor y hoy que puedo correr a tu lado y demostrártelo te escurrís entre mis manos como el agua del río.
……….. pero nada puede modificar todo lo que te amo.
Y sé que una mañana me voy a despertar con la sensación de que ya no estás en este mundo pero nadie va a tocar a mi puerta ni va a llamar a mi teléfono para contármelo y cuando sienta que eso sucedió saldré corriendo de mi casa y buscaré un lugar apartado para poder llorar y gritar, para poder estar sola sin que nadie intente comprenderme porque ya sé que eso es imposible.
……… y vos si supiste hacerlo, siempre supiste porque me conocés, sabés cómo soy.
Espero llegar a tiempo para mandar esta carta y si llegara a tus manos antes de mi partida quisiera que me buscaras, vos sabés cómo y dónde hacerlo. Siempre voy a estar esperándote, sin miedo a nada y fuerte como los dos nos necesitamos.»

Cuentan que la carta fué enviada y devuelta al remitente y cuando la persona que la escribió la tuvo entre sus manos la ató con la cinta azul, apagó las luces de la casa, salió por la puerta que daba al jardín, tiró las llaves en un pozo que había cerca de la vereda y se perdió entre las sombras.
Nunca más se supo de los dos pero los vecinos de la casona, hoy en ruinas y abandonada, cuentan que en las noches de tormenta se ve a través de la ventana de la habitación principal la sombra de una pareja bailando lentamente canciones de amor.

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