De pronto me encontré parada en la esquina de San Martín y Bme.Mitre girando sobre mí misma sin poder dar un solo paso, buscando lo que sabía que no iba a encontrar, sintiendo que la sangre corría por mis venas como si fuera arena húmeda y fué en ese momento cuando me dí cuenta que estaba llorando, que no podía contener las lágrimas.
En lugar de bajar las escaleras de la estación del subte D entré en la Catedral, estaba llena de turistas, todos sacaban fotos, el ruido era ensordecedor, nadie parecía darse cuenta dónde estaban hasta que una voz femenina, cálida y dulce, les recordó que debían guardar silencio.
No pude cumplir con el pedido, la congoja no me dejaba, lloré y lloré hasta que comencé a sentir que las lágrimas me quemaban las mejillas y los ojos se me cerraban solos. Sobre el altar,en el techo, había una ventana que estaba abierta y entraban unos pocos rayos de sol y segui llorando mientras miraba esa ventana y millones de por qué se cruzaban por mi mente.
Es la tercera vez que me enojo con Dios, la tercera vez que le cuestiono las cosas cuando siempre me manejé en la vida con la teoría de que él sabía por qué hacía lo que hacía. Hoy esa teoría y todas mis convicciones acuñadas durante años volvieron a parecerme inútiles.
De pronto me asustó sentir que nada podía parar mis lágrimas, me asustó sentir que me ahogaba, que la Catedral parecía venirse encima de mi pecho y no encontraba cómo liberarme de tanta pena y de esa mirada furibunda que le estaba lanzando al Cristo que se encontraba en el altar.
Miré hacia mi izquierda y ví un altarcito pequeño donde descansaba la imagen de la Virgen de Luján y recién en ese momento pude calmarme un poco pero no logré dejar de preguntarme por qué, por qué no pude hacer nada hace 6 años atrás y por qué no puedo hacer nada ahora.
No me sirven las explicaciones de ángeles ni de almas que no pertenecen a este mundo y por eso deben irse, no me sirve nada que no sea una respuesta lógica y racional porque lo que siento es lógico, humano, racional y necesita explicaciones del mismo tenor.
Hace ya mucho tiempo que sé que vine a este mundo nada más que para sentir, no para tener éxito ni trascender por alguna obra en particular, vine a sentir y a dejar que mi alma se moldeara en base a esas cosas y ahora estoy viviendo ese destino más que nunca. Siento que si me tocan me voy a desarmar como una hoja de papel barrilete que quedó expuesta a una lluvia torrencial, creo que me quedé sin piel, que desde afuera se pueden ver mis venas tratando de buscar algo de oxígeno para que la sangre pueda fluir normalmente y así seguir.
Es la segunda vez en mis 38 años que quiero cambiar mi vida por la de otra persona, que quiero entregarla, hacer un trueque y sentir que sirve para algo.
No espero que nadie entienda lo que me pasa, desde esta mañana me siento como aquella bailarina en la oscuridad, encerrada, sin poder ver pero tratando de cantar como una única manera de salvar la pena y el dolor.
Sé que todo pasa y ésto también va a pasar pero mientras está hay que transitarlo porque negarlo es hacerse el estúpido y siempre luché para no serlo.
No me arrepiento de nada, volvería a elegir y a sentir todo lo que me pasó desde aquel día de Octubre hasta ahora y si algún día pudieras ir a la Catedral entrá por la entrada de la calle San Martín y sentate en el banco 16 (comenzando desde el altar), al lado de la imagen de la Virgen de Luján. En ese mismo lugar estuve hoy pensándote, sintiéndote, llamándote y a pesar de todo mi enojo rogándole a Dios por un mañana más.