Alumbramiento

Como todas las noches se fué a dormir temprano, dejando las ventanas abiertas de su habitación para que no le faltara el aire.
Durante la madrugada una ráfaga de viento se atrevió a entrar y sin despertarla, con la mayor suavidad del mundo, le hizo el amor.
La recorrió entera, se detuvo en su cabello, sus ojos cerrados, sus labios que dejaban escapar pequeños suspiros de placer inconsciente, sus manos que se aferraban a las sábanas para no perder el control y sus piernas que se abrían casi por azar.
La disfrutó tanto como pudo y se marchó antes de convertirse en huracán.
A la mañana siguiente, enredada entre las sábanas y en medio de los gritos de una pesadilla fatal, parió una ilusión.

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