Habilidades destructivas

Habilidad para mentir, en forma piadosa o absolutamente cruel. Mentir para esconder, para callar y para el sin sentido. Mentir para no ver lo que está claro, lo que es completamente palpable y no se convierte en silenciable.
Para lastimar y no a terceros, sino a uno mismo. Lastimar en forma sorda, continua, permanente. Lastimar minando voluntades, proyectos e ilusiones. Lastimar amputando y sesgando sonrisas, generando lágrimas interiores.
Habilidad para reir sin ganas, sin sentido, sin razón y sin motivos pero reir de pie, pensando que esa risa contagia y se vende como pan caliente. Reir con sonidos huecos, vacíos, sonidos que retumban contra muros que separan alegrías añejadas de una realidad aplastante y asfixiante.
Para hablar sin decir nada, para llenar silencios con palabras moderadas y reflexivas, palabras elegidas cuidadosamente para adornar y conformar pero no para calmar ni sanar.
Habilidad para morir lenta y paulatinamente, morir delante de los ojos de todos sin que nadie lo note, morir paso a paso y sin sangrar, sin salpicar.
Para mutar, para cambiar, para poder ser hoy una mueca feliz y mañana un río de lágrimas saladas sin cauce y sin control.
Habilidad para recordar lo que alguna vez quiso ser pero no es ni será porque el olvido le ganó al proyecto y asesinó violentamente a la palabra sueño.
Para no gritar cuando mutar duele, cuando perder la piel provoca espasmos, ahogo y deja sin aire al cuerpo tendido sobre las piedras.
Habilidad para comenzar el día corriendo una carrera autodestructiva que parece no tener nunca el cartel de llegada ni gente al costado del camino que alcance un vaso de agua.
Para mordernos los labios hasta sentir que se rompen delicadamente y no queda nada más por decir.

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